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09 diciembre 2017

Hacia un régimen personal

Cuando la crisis del sistema capitalista se vuelve cada vez más acuciante, la clase dominante cierra sus filas y los ideólogos multiplican esfuerzos para que las víctimas del sistema acepten su “racionalidad” y “naturalidad” y consientan la dominación. La crisis que sacude a nuestro país se manifiesta prioritariamente en el campo político y social, dejando en segundo plano, casi oculto el campo económico. No obstante sabemos que lo fundamental reside en las relaciones de producción. Todos sabemos también que en estas últimas décadas el movimiento popular y revolucionario ha sufrido un derrumbe, la consciencia de clase ha quedado hecha trizas y en estos momentos se ha quedado sin organización política.

El lento, paulatino, aunque inexorable viraje hacia la derecha del FMLN marca de forma contundente la victoria de la clase dominante (la oligarquía). Puede parecer paradójico que esta victoria se haya dado en los momentos en que el principal partido de derecha perdió las riendas del Ejecutivo y también de alguna manera su hegemonía parlamentaria. Los otros partidos de derecha para seguir existiendo no han tenido empacho alguno para aliarse al expartido rebelde y guerrillero. Se sabe también que más allá de las cosméticas medidas sociales adoptadas por el prófugo expresidente Funes, el FMLN, en ambos períodos, ha ejecutado una política gubernamental continuista de lo que antes hizo el partido ARENA.

Este partido tuvo un lento desgaste en el poder, el del FMLN ha sido fulgurante provocando en la opinión un rechazo al mundillo político en su totalidad. Este rechazo es el rasgo preponderante de la crisis actual del sistema. Como dije arriba este rechazo cubre con creces la crisis de nuestro sistema económico incapaz de asegurar el más mínimo desarrollo al país y todo el cuerpo social se hunde en un pantano de problemas socio-económicos (bajo nivel de vida, desempleo, subempleo, miseria en algunos casos, acoso y crímenes de parte de las pandillas, bajos niveles educacionales y culturales, etc.). Este rechazo ha recibido la abreviación de “rechazo al bipartidismo”. La ideología ha hecho de este fenómeno el principal culpable de la crisis, la más grave enfermedad de nuestro sistema político. El resumen es enorme y es este punto el que ha impulsado al proscenio político a Nayib Bukele.

Por el momento todo parece ir por los buenos rieles para este especialista en publicidad, todo el sistema de propaganda ideológica se ha ido plegando a las exigencias de la publicidad, todo se ha vuelto mercancía y todo se vende envuelto y por la imagen que entregan buenas campañas publicitarias. Hoy Eugenio Chicas incriminaba a la ausencia de publicidad en favor de los logros del gobierno y de la actividad de su partido el abisal desprestigio que gozan ahora el gobierno y el partido oficial. Este rechazo del bipartidismo crea al mismo tiempo un vacío o mejor dicho un terreno que ocupar, este terreno es el que ahora acapara Nayib Bukele.

La imagen que se vende es la del paladín de la honradez y sobre todo el de un caudillo, la de un líder popular, la de un hombre providencial que desde su altura habla directamente al pueblo. Bukele se presenta como el portador exclusivo del rechazo al bipartidismo y en eso coincide totalmente con el pueblo al que se dirige directamente y le promete encarnar lo mejor que pueda ese rechazo. Esta identificación del personaje y el pueblo es uno de los pilares de su propaganda. Para obtener esta identidad se han usado todos los resortes psico-sociológicos y retóricos del populismo. El caudillo encarna las aspiracione populares, estas no son ni siquiera enumeradas, se concentran en el rechazo al bipartidismo, al que se le imputan todos los males de nuestra sociedad. Bukele y sus “nuevas ideas” cumplen holgadamente los objetivos de ocultación de la verdadera crisis que atraviesa el país.

Bukele se presenta como el que va a sanar el sufrimiento que padece la gente por el engaño sufrido de parte de los dos partidos corruptos e infieles a sus promesas, el sufrimiento social y económico es cierto, pero no se reduce al rechazo del bipartidismo, este sufrimiento tiene otra causa: la confiscación de la plusvalía por parte de la oligarquía. Pero el cuerpo social al perder su consciencia de clase, el proletariado que antes se propuso cambiar la sociedad, exige ahora apenas reparación de las ofensas de la traición, del no cumplimiento de lo que se esperaba de los gobiernos. Se trata pues de un simple resentimiento en busca de un objeto.

El objeto ya fue encontrado y Bukele se lo ha apropiado y se lo ofrece al sufrido pueblo en la bandeja publicitaria: el bipartidismo. Antes se trataba de sacar a ARENA del poder e iniciar los cambios prometidos. Bukele apenas nos promete suplantar a ambos partidos. Y como el caudillo encarna al pueblo nos encontramos de pronto, con estas “nuevas ideas” populistas, en la situación del cumplimiento democrático de llevar en solo hombre al pueblo al poder para salvar a la patria del bipartidismo.

Aquí vemos pues hasta que nivel tan bajo ha llegado el movimiento social, muchos exmilitantes del FMLN acuden a portar en ancas publicitarias a Nayib Bukele sin poner mientes en la vacuidad social de la propuesta del nuevo salvador nacional. Ya no hay objetivos sociales, ya no hay exigencias de reformas, ya no hay lucha emancipadora de las clases oprimidas. Hay algunos que se llenan de paciencia y de indulgencia que les importa poco que sea el mismo Nayib Bukele que se haya propuesto como el candidato del pueblo, que no admita la menor oposición a este postulado electoral. Incluso todo se puede discutir, todo tipo de propuestas son esperadas y alentadas, poco importa de dónde vengan, pero hay una sola cosa que no se puede cuestionar: la candidatura y el liderazgo de Nayib Bukele.

Se trata de una situación paradójica, de un régimen de partidos políticos que es el que consagra la actual constitución, los exrevolucionarios que adhieren al “movimiento sin ideas” de Bukele no les importa ir a un régimen personal, caudillista, de culto de una persona. No obstante como de aquí a las elecciones no va a haber ninguna reforma constitucional que instituya otro tipo de régimen, pues las “nuevas ideas” van a tener que enmarcarse dentro de un partido político. Sorprende justamente que se prefiera hablar de un movimiento y no de un partido político, tal vez sea que se prefiere lo amorfo y sin obligaciones estatutarias hasta que llegue en el calendario la obligación de constituir un partido, que se formará a las carreras, sin tiempo de reflexión y con el único objetivo de presentar un candidato ya designado muy “democráticamente”.
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26 octubre 2017

¿De qué verano se trata?

Escuché atentamente lo que dice Nayib Bukele en su último vídeo.  No dice mucho. Llama a todas y todos y al que quiera venir a juntarse para participar en su futura elección como presidente, que sea rojo o verde, no importa. Lo único que importa es estar amargado o descontento, a disgusto, avinagrado contra el gobierno y el régimen de partidos. Llama a todos sin importarle lo que piensen o sientan, sean de derecha o de izquierda, o tal vez de centro. No lo dijo porque tan extremos somos que no hay centro que valga. En todo caso en ese futuro amontonamiento todos van a poder decir lo que se les ocurra, lo que se les venga en gana y no hay problema si entran en contradicción, si lo que uno dice atropella la opinión y sensibilidad de otros, ellos pueden hacer lo mismo, con plena libertad. No hay estructura, no hay nadie que ponga límites. no hay nadie que corrija, ni dé órdenes, lo puede hacer en público o en privado, eso es lo de menos, de todo eso puede que salga un “plan de país”.

Y lo haremos entre todos, sin coordinación, en pleno relajo… Bueno, esto no lo dijo Bukele, se lo agrego yo. Este “movimiento” que abarca a todos, tiene en el fondo una sola y real convicción: Nayib tiene que ser presidente. Y como todos tienen derecho a decir lo uno o lo otro, pensar al revés y al derecho, a las horas de las horas lo que haga Bukele en la presidencia corresponderá obligatoriamente a alguna opinión expresada en su movimiento.

Ya sea en feis, o en guachap, en tuiter, en el barrio, en la esquina, en el bar, en los parques, en las canchas de fut, armen su grupo para hablar y promover la candidatura de Nayib. La divisa es: “seamos millones de golondrinas”. Y volverán las oscuras golondrinas a las urnas a votar y en mi balcón sus bocotas de pendejos abrirán…

No me vengan a insultar los que no estén de acuerdo conmigo, el tótem ha dicho que podemos decir lo que nos ronca la gana, que podemos si así lo queremos criticarlo, decir lo que uno piensa… El gran conciliador nacional ya previno que no van a haber exclusiones, que un arenero no puede venir a pedir la exclusión de un efemelenudo, ni vice versa y todo lo contrario. Todo será transparente, nadie se puede quedar afuera, todos pueden entrar, sin reparos, lo vuelvo a repetir, hay una sola condición: estar amargado y una sola convicción: Nayib presidente. No hay ninguna complicación ideológica, no hay ningún apego a teorías o a dogmas. Lo único cierto es que habrá verano con tantos golondrinos.

17 octubre 2017

Su personita sí es relevante

Siempre me pregunté por las razones que podía tener Nayib Bukele para permanecer en el seno del FMLN, si proclamaba a gritos sus serias divergencias con la política gubernamental y las opciones sociales y societales de la dirección de su partido. Bukele suele equiparar al FMLN con ARENA. No estoy sugiriendo que no tenga razón, sino que eso no es nuevo, es anterior a su entrada al partido. Bukele ha afirmado que existe incompatibilidad de sus ideales con la ideología arenera, por una simple ecuación se concluye que sus ideales personales son incompatibles con los del FMLN. No obstante permaneció hasta su expulsión y creo que en el mundillo electorero este hecho lo ha beneficiado. La principal razón de su obstinada permanencia en las filas del FMLN se debe al imbroglio legal salvadoreño: primero si lo expulsan puede permanecer en el puesto; segundo si se iba no podía crear un nuevo partido pues iba a ser considerado tránsfuga, mientras que ahora perfectamente puede crear su propio movimiento. Es este punto el que fue meditado por sus consejeros.

Al mismo tiempo estuvo presente en los consejeros del Príncipe una precaución, los votos que agregó para su elección al puesto de alcalde capitalino no alcanzan para ser electo sin el aporte de los votantes firmes del FMLN. La crisis política que vive el país comporta una alta abstención y un aumento de la desconfianza del electorado por el mundillo electorero. O sea que esto no se arregla fácilmente con regalitos, sonrisas y calcetines verdes o celestes. Es cierto que cada vez más la imagen cuenta mucho más que las convicciones y los programas. Y la imagen se perfila con una presencia permanente en los media. Su propia actividad tuitera y facebookeana nutre las páginas de la prensa y las pantallas de la televisión.

Los métodos publicitarios recomiendan aplomo, seguridad, firmeza en el comportamiento del vendedor. En nuestro caso, el de Bukele, el vendedor y la mercancía son la misma persona. Por eso el egocentrismo y la prepotencia han suplantado las virtudes antes anotadas. Vivimos en un país subdesarrollado tercermundista, Nayib Bukele es un producto de nuestra sociedad. Y sus recursos intelectuales y éticos son los de nuestra sociedad. Es por eso que recurre a ejemplitos de baratillo, el velero que las olas y el viento abaten, reduciendo el destino personal y nacional a la voluntad divina, “que se haga su voluntad”, sí, muy bien, pero hasta ahora nadie ha visto a Dios meterse en los destinos de los países, luego nos da otro ejemplo, el del empeñoso pueblo japonés, es cierto que Japón quedó pobre y exhausto después de la Segunda Guerra Mundial y claro que los capitales nipones y estadunidenses le exigieron a los trabajadores mayores sacrificios. Creo que los salvadoreños no hemos necesitado el ejemplo japonés para trabajar duro y en lo que se presente. La visión de Nayib Bukele es la de un patrón y “el pecado salvadoreño” se reparte por igual entre todos, entre los oligarcas que sacan sus capitales del país, que se niegan a contribuir en el presupuesto de la nación a la altura de sus riquezas y los pobres que trabajan duro por un miserable salario. En su raciocinio de patrón la culpa es de todos por igual.

Hay otro punto en lo que concierne al Japón, la situación de la economía no era la de un país en desarrollo, sino la de una potencia mundial que acababa de perder la guerra, pero que tenía el bagaje material y humano para recuperarse. Llegaron además inversionistas de otros países, el nivel de las universidades japonesas incluso antes de la guerra eran superiores al bajo nivel de nuestras instituciones de enseñanza. No se puede construir empresas industriales sin ingenieros de alto nivel, sin una mano de obra cualificada y con capacidad de absorber nuevas tecnologías.

Es cierto que uno no se hace mundialmente famoso (su aspiración más íntima) siendo alcalde de una pinche capital centroamericana, para una “persona”, dijo poniendo cuidadosamente en su pecho la palma de su mano, tal vez para que no quedara duda que hablaba de sí mismo. Es incluso irrelevante para esa gloria vana incluso ser presidente de un pinche país como el nuestro. Sabe que no será premio Nobel, que tampoco va a llegar a ser un nuevo Messi o Ronaldo o sea no va adquirir fama mundial ocupando el puesto supremo de presidente: no obstante ese gran inconveniente, está dispuesto a condescender a gobernarnos por nuestro bien, pues le parece que su personita sí es relevante para todos nosotros.

03 octubre 2017

Conversación sin bridas

El pleito entre Nayib Bukele y los dirigentes del FMLN ha entretenido la atención de los ciudadanos y ha acaparado los comentarios de especialistas y expertos de los media nacionales. La realidad es que Bukele desde hace ya cierto tiempo viene manifestando su desacuerdo con la política del FMLN, en muchos terrenos. En alguna medida este ha sido su fondo de comercio político que le ha permitido popularidad incluso dentro de las filas del mismo FMLN. Respecto a esto los dirigentes del FMLN no manifestaban su enojo, ni desaprobación. Hubo uno que otro dirigente que rechinó, incluso cuando se pretendió en algunas declaraciones “independiente”, le recordaron que era miembro y cuando se iba a presentar como candidato a alcalde de San Salvador se le recordó que se presentaba en tanto que miembro del partido. La actitud condescendiente del partido con su “oveja perdida” le creaba una aureola de tolerancia y de admisión de divergencias, de cierto pluralismo.  En algunos momentos, los dirigentes tuvieron que alzar el tono, pues los descarríos de Bukele se hacían cada vez más patentes y poco a poco la condescendencia del FMLN se convirtió en aliciente para Bukele. La dirección del FMLN es experta en resolver este tipo de conflictos, llaman la atención, toma la palabra algún miembro cercano del “centro” que amenaza, dan señales que la línea roja ya fue pisoteada. Bukele no entiende ese lenguaje, él no es realmente de la familia, vino como Funes de afuera (pero el expresidente tenía mayor experiencia política y fue mejor asesorado).

En todo caso le hicieron la cama y el Tribunal de Ética lo más probable va fallar por la expulsión. Este episodio de la vida interna del partido y de la vida política nacional merece que se analice no en sí, sino en su papel revelador del bajo nivel político de nuestros analistas y comentadores. En realidad, mientras se comentaban las declaraciones, se evaluaba quién saldría ganando o perdiendo en la separación, en la Asamblea, en las oscuras reuniones de comisiones parlamentarias se tramaba una “no reforma” sobre las pensiones. El destino político de una persona pesó más que el desprecio hacia miles y miles de salvadoreños, que pudieron acceder a una jubilación decente y universal, que manifestaban los diputados y el gobierno al corroborar lo existente agravándolo.

El poderío de los medios de comunicación de masas es que nos construyen un mundo en el que existe solamente lo que deciden los dueños de esos medios, lo que no mientan estos medios queda afuera de la realidad, no existe. De repente nos anunciaron la aprobación unánime de la reforma que dejaba la estructura anterior intacta con todos los problemas futuros que cuelgan como una espada de Damocles sobre el presupuesto nacional y amenaza con una pronta situación de impago gubernamental. De esto apenas se habla. En realidad lo que se recalca es la armonía lograda en la Asamblea y la pronta ratificación presidencial. Esto ha pasado como una nube de tormenta que no descarga su lluvia.

La gravedad de lo que acaba de pasar es tal que el silencio mediático, la ausencia de respuesta popular antes y después del voto no deja de dar desánimo. Vaya, vean el poderío de los media: al ladito, en Honduras, hay asesinatos políticos, represión despiadada, brutal contra manifestaciones de campesinos, de profesores de escuelas, de obreros, todo esto no provoca la algarabía en las redes sociales como la brutal represión en Cataluña el día domingo pasado. De repente muchos salvadoreños descubren que existe un movimiento separatista, pero ignoran su origen, si es de izquierda o derecha. Se habla de un derecho de voto que no es respetado en general, como si en Cataluña nunca hubieran permitido que los catalanes acudan a las urnas, como si nunca han habido campañas electorales. Se habla de defender la democracia en Cataluña, la democracia y no otra cosa, se habla de libertad, pero abstractamente, sin dar detalles. ¿Qué libertades se le niegan en particular a los catalanes? Digo en particular, la Constitución de España con todos los defectos que pueda tener se aplica por igual a todos los españoles, cualquiera que sea su provincia, su comarca, andaluces, castellanos, vascos, etc. Una minoría que promueve la independencia (con justificadas razones o no) se vuelve en los comentarios en “el pueblo catalán”. Y vemos a los salvadoreños mostrar un internacionalismo ausente, totalmente ausente cuando se trata de nuestros hermanos hondureños. Los catalanes han tenido la posibilidad de existencia en el mundo que crean las noticias, los hondureños, nosotros mismos no existimos nunca en las noticias mundiales.

De la misma manera, los muertos en Las Vegas nos entristecen y nos conmueven, son más de cincuenta. La fuerza de los media respecto a nosotros mismos es que en el mes de septiembre hubo 435 muertos por asesinato y ya nos acostumbramos, ya nos acostumbraron. Esas muertes sirven para mantener el miedo, para sembrar el terror, miedo y terror reales, existentes en cada uno de los salvadoreños. Pero también es un miedo y terror existente en los media, en el mundo de los media, que nos presentan este fenómeno como una especie de fatalidad, como una plaga, como un “castigo divino”, como algo que nos cayó del cielo. Las maras son ajenas, un cuerpo ajeno, una suerte de excrecencia social inexplicable, un enemigo interno que se nos ha impuesto y nada, ni nadie puede hacer algo para salvarnos de esa maldición. El terror y el miedo frena la reflexión y opaca la inteligencia.

Si vuelvo ahora en esta conversación al pleito entre Bukele y los dirigentes del FMLN, pues uno de sus “delitos” es que ha afirmado y reafirmado que no hay diferencia entre su partido y ARENA. Esto ha sofocado a los efemelenistas, a todos desde la base hasta la cúpula. Pero si al mismo tiempo volvemos a los otros dos temas de esta plática, en el primero votaron juntos y en cierto sentido los diputados del FMLN refrendaron lo hecho por ARENA y lo reforzaron y en el segundo tema, el de las maras, pues la represión fue el método arenero, los efemelenistas entraron en esta subasta y sacaron al Ejército de los cuarteles, no han parado de agravar leyes, les impusieron el mote de “terroristas” con una ley ad hoc, el gobierno se dice en guerra y han aparecido “grupos de exterminio”. Se sospecha fuertemente que son miembros de la PNC y miembros del Ejército y el gobierno simplemente niega la existencia de esos grupos paramilitares y “justicieros”. Pudieron perfectamente crear una comisión que investigara los hechos incriminados. Pero prefieren el silencio.

07 agosto 2017

Buscar un pensamiento eficaz

He dejado correr más de un año sin escribir algo en este espacio. Los temas no han faltado, pero sí las ganas de comentarlos, de abordarlos. La situación en El Salvador se agrava y los que están en el poder fingen un optimismo ilimitado. Por otro lado, los mismos que se dan cuenta de lo desastroso de la situación acusan al partido opositor de bloquear las soluciones en la Asamblea y cada fallo de la Sala de lo Constitucional es interpretado como una agresión o peor como una tentativa de golpe de Estado. Han entrado incluso en pleito con la embajadora de los Estados Unidos en el país. Es cierto que la embajadora se mete en asuntos internos del país, pero no es la primera en hacerlo, ni la primera vez, pero en esta ocasión el asunto de la injerencia es un decreto-ley que ha recibido la reprobación mayoritaria en el país: la ley sobre la “extinción de dominio”. El mismo alcalde de San Salvador, Nayib Bukele, exhortó al presidente Sánchez Cerén a vetar esa ley. Pidiéndole que obrara con valentía. El presidente hizo caso omiso de todas la protestas y de la exhortación del popular alcalde. Esto merece tal vez comentario, pero asuntos como este se repiten cada semana y no es que mi indignación se haya agotado, al contrario aumenta. No obstante creo que ya ha quedado al desnudo ante buena parte de la población el obcecado ofuscamiento de los actuales gobernantes. Nada, ni nadie puede desviarlo de su línea de conducta: dejar a la oligarquía que siga dominando a la sociedad, enriqueciéndose a sus anchas, mientras ellos se aprovechan del maná estatal. El famoso “bien vivir” se ha vuelto en la “buena vida” de los antiguos guerrilleros y de su cherada.

La situación política es un panorama sin horizonte, sin que tengamos actualmente una posible alternativa que ofrecerle a los ciudadanos. El sistema electoral nos obliga a ir a elecciones repetidas y muy cercanas. Durante mucho tiempo el pueblo sufrió la ausencia de reales elecciones, los fraudes y los trucos se acompañaban con cíclicos golpes de Estado, fue una aspiración profunda tener elecciones limpias y libres. Al parecer hemos obtenido satisfacción, tal vez nuestras elecciones no sean totalmente intachables, pero no creo que exista realmente algún país en el mundo que pueda erigirse en ejemplo. Las millonarias y carnavalescas campañas que le imponen a los estadounidenses y europeos, con una confiscación de la toma de palabra en los grandes medios de comunicación, que cada vez más afinan sus argucias y muestran su poderío de condicionamiento de la opinión mayoritaria, son la muestra que la democracia representativa, no es ni democracia, ni representativa.

En nuestro caso, tener lo que tenemos, ha sido en cierto sentido un adelanto. El fraude si acaso sigue existiendo no es significativo, los partidos no son perseguidos, ni sus militantes. Pero las campañas electorales no tienen ninguna altura, no hay programas que se discutan con la población, ningún partido ofrece alguna alternativa, un vigoroso plan para salir del endeudamiento, que se parece mucho al barril de las Danaides.

ARENA no es la alternativa, ya estuvieron gobernando durante veinte largos años, sin que ofrecieran el inicio de solución a los problemas nacionales, incluso sus gobiernos se caracterizaron por cierto autoritarismo y actos represivos. Cada vez es mayor el número de la gente que no quiere el retorno del partido de extrema derecha al poder. La paradoja es que también aumenta el número de los que no quieren que el FMLN siga gobernando.

Nos encontramos pues ante un vacío político, no existe un partido que pueda encarnar hoy por hoy las aspiraciones populares. No existe y no se ve a corto, ni a mediano plazo la posibilidad de que surja. Esto significa que por el momento la tarea no es llamar a votar, tomar partido por uno o por el otro, pues el resultado, el que sea, será la agravación de lo que venimos padeciendo.

Existen por el momento varios partidos “en formación”, pero su actividad real es casi confidencial, con poca o ninguna incidencia en el quehacer político y social. Hay también un sinfín de organizaciones no gubernamentales que han fraccionado al extremo los movimientos sociales que antes existieron. Este desperdigamiento de la acción le resta fuerza a la movilización o más bien la esteriliza. No es por gusto que muchos de los fondos que financian las ONG provengan de oficinas afiliadas o aliadas a la Agencia de Inteligencia de los Estados Unidos.

Se terminó la “guerra de liberación nacional”, guerra que no se prolongó hasta la victoria, que vino a desembocar en una negociación y un acuerdo en el que fueron olvidadas las razones que le dieron origen. Hemos entrado a otro período de la historia nacional con los mismos problemas sociales, económicos y culturales que se tenían antes de iniciar la lucha armada. Ahora ya no se puede plantear de nuevo y de manera inmediata una lucha similar, por razones que no vale la pena enumerar. La prolongación de la violencia en el país, aunque la actual sea delincuencial marca desastrosamente la vida de los salvadoreños. Los gobiernos que se han sucedido en el poder no han encontrado realmente nada que no sea la violencia para parar la violencia. Y los resultados son el aumento de los crímenes y la agravación de la actividad de las maras. Estas se han vuelto en algunas regiones las gestionarias de la vida civil, imponiendo toques de queda, peajes, multas, extorsiones e incluso la huida del territorio de familias enteras. No hay un plan de prevención, nuestro país que ha sufrido desde casi un siglo (desde 1929) violentas dictaduras, ha incorporado como modo de vida el ejercicio y la ideología de la violencia. Muchos son los que exigen la pena de muerte, otros la ponen en práctica con los escuadrones de exterminio o con leyes y discursos que despenalizan a las fuerzas armadas de cualquier atropello contra los ciudadanos bajo el pretexto de luchar contra las maras. Nos encontramos sumergidos en esa espiral. Es el problema primero y de mayor preocupación de los salvadoreños. El resto de problemas han pasado a segundo plano. Esta circunstancia es propicia para los gobiernos. El descontento social se va hacia un fenómeno criminal al que los gobiernos fingen darle tratamiento. Y como gozamos de una cultura de la violencia, la mayoría de salvadoreños se conforma con pedir mayor represión aunque ha quedado patente que no es ninguna solución. Las maras se han convertido incluso en una fuerza con la que los partidos tienen que negociar.

Lo repito, tenemos un panorama político sin horizontes de futuro. La sordera de los gobernantes ante las críticas que se emiten ha logrado cierto desgaste de la voluntad ciudadana. En algunos sectores ha surgido un nihilismo, un profundo pesimismo que ha empezado a sucumbir en una ciega apatía, asumiendo que nada se puede emprender. La sociedad futura en la que se pensó, por la que se luchó y se ensangrentó al país nos repiten que simplemente fue un sueño, una utopía. Los gobernantes actuales con su partido y militantes repiten que las circunstancias han cambiado y que aquel sueño y aquella utopía se han vuelto aún más inaccesibles. La consigna es dejar de soñar, abandonar las utopías, ahora nos exigen que aceptemos sin más la real pesadilla en la que vivimos.

Pero lo que se planteó al inicio de la guerra no era un sueño, ni una utopía, sino que cambios radicales en nuestra sociedad, cambios profundos que permitieran mejorar la vida de todos, mejores viviendas, mejores servicios, mejor educación para nuestros cipotes, un desarrollo cultural, un despegue económico que nos permitiera avanzar hacia otra sociedad. Es eso lo que estaba planteado hace cuarenta años, antes incluso. Y es lo que en realidad está planteado hoy.

En estos momentos nos hace falta el instrumento político que pueda volver a movilizar las fuerzas populares hacia esos objetivos. Ahora ya no se trata de volver a empuñar las armas, se trata de persuadir a nuestros compatriotas que debemos luchar políticamente para devolverle al país un horizonte de futuro. Pero se trata de salir de la politiquería actual, del sucio manoseo de la cosa pública, de luchar sin entrar en componendas con los adversarios, con los enemigos del progreso del país. Crear el instrumento no es fácil, hay que producir nuevas ideas, nuevos comportamientos, nuevos ideales. Tenemos que salir de esa falsa alternativa, ARENA o FMLN, ambos partidos están al servicio de la oligarquía y buscan gozar del dinero del Estado. Las crónicas de los diarios y televisiones están repletas de noticias sobre la corrupción pestilente.

La nueva acción política tiene que desplegarse al interior de la población, buscar en la sociedad las soluciones inmediatas, crear los comités de barrio que puedan servir de trampolines para la actividad social de prevención y de solidaridad ciudadana. En estos momentos no podemos pretender a acciones de grandes tamaños, pero fundar y animar clubes de discusión, de diversiones sanas en los barrios, la creación de círculos de lectura, etc. Pero también círculos de reflexión y de proposición política. Es imprescindible desechar la esperanza en un hombre providencial, de un líder que venga a pensar y a resolver nuestros problemas. Esa es una falsa esperanza, eso no resuelve nada, sino que posterga las soluciones. Nuestros problemas son comunes, es entre todos que vamos a encontrar las soluciones, los modos de organizarnos, el pensamiento eficaz que alumbre nuestra realidad.

25 mayo 2016

La vida es una trampa que urdimos nosotros mismos



Carlos Abrego


En España acaba de salir a luz una novela que cuenta las aventuras y tribulaciones de una muchacha salvadoreña, una cipota soñadora e inquieta que se va a Europa esperando encontrar el maravilloso mundo de Alicia. La novela tiene un hermoso título, “El fiel reflejo de la nada” y su autora es Patricia C. Beltrán que nos entrega aquí su primera novela. La obra recoge la historia real de una compatriota, pero el relato no es la mera transcripción de una experiencia, ni una crónica periodística, se trata realmente de una novela.

Desde el encuentro en el Flor Blanca con un guitarrista de Alejandro Sanz su vida va a cambiar, la ponzoña aventurera se va a despertar en Valentina y su deseo de descubrir el viejo mundo europeo se va a apoderar de ella. Su vida de estudiante de derecho, su acobijada vida familiar se le vuelven estrechas, necesita desplegar sus alas, la semilla de trotamundos que muchos llevamos adentro germinó brotes que crecieron exuberantes en la inconsciente cabeza de Valentina. De un arranque y sirviéndose de su capacidad de doblegar la voluntad de su padre consigue viajar a Madrid. Claro que no va a la simple aventura, se ha inscrito en la universidad de Alcalá de Henares y desde entonces le van sucediendo insospechadas sorpresas. Pero las va salvando cada una con suerte, con cierta candidez. El mundo se le ha anchado y Valentina se siente capaz de apropiárselo todo. Su regla de conducta es dejarse ir, sin miedo, va al encuentro del primer llamado, no se cuestiona, no duda, no puede plantearse en ningún momento que en su enmarañado trajinar puede haber cierta vez alguna fatídica trampa. Se va a Barcelona rendida por un argumento certero:

"—Llevas más de un año en España y no te has movido de Madrid. ¿No querías conocer Europa?"

Se trata entonces apenas de un fin de semana, pero luego se cambia a vivir  a la capital catalana y hace todo lo posible por seguir allí sus estudios. En Madrid, Valentina había podido vivir y sobrevivir, había conseguido trabajos relativamente cómodos y adaptados a sus estudios y además los había obtenido con relativa facilidad, ayudada tal vez por su encanto y su belleza.

Una vez instalada en Barcelona el torbellino de su vida la arrastra fatídicamente a embrollarse y maniatarse hasta caer en la temida trampa. No voy a contar el fin de la novela, no es porque el desenlace sea detectivesco, sino que siempre es mejor descubrirlo con sus propios ojos, guiados en esto por el escritor.

Hay que celebrar la opción de Patricia C. Beltrán; pudo escoger folclorizar el lenguaje multiplicando o adoptando artificialmente el modo de hablar de los salvadoreños, pero eligió su versión, su propio lenguaje. Es cierto que por allí va salpicando con algunas palabras y giros salvadoreños como para recordarle al lector que su personaje es una muchacha salvadoreña. El relato es en primera persona, lo que no permite grandes acotaciones, sino al contrario ir siempre al grano, a veces de manera abrupta, remedando en esto el mismo carácter irreflexivo de la protagonista.

Se me acumulan ahora muchos adjetivos para definir el estilo de Patricia C. Beltrán, pero ninguno me da entera satisfacción, porque a veces es vertiginoso, imponiendo un ritmo a la acción, al mismo tiempo que se detiene igualmente en los detalles, busca a veces con cierta minucia el verbo, el adjetivo que mejor se acomode al momento de la historia. Podría también decir que su estilo es despejado, sencillo y sin adornos, lo que le da al todo una agilidad que se presta al natural amontonamiento de las aventuras de Valentina. Esta sencillez estilística es depurada, pues cuando es menester recurrir al adorno lo hace sin olvidar la parquedad. Logra con esto que el lector también caiga atrapado por la historia, uno queda subyugado, curioso, desea permanecer con Valentina hasta el final. La lectura se va deslizando sin estorbos, sin necesidad de volver atrás, ni mucho menos saltarse hacia adelante, cada momento de la narración está donde debe estar y aunque a veces uno desea entrar y decirle a Valentina, por favor, niña, recapacita, dale tiempo a tus atribuladas aventuras. Esto es prueba de que uno ha caído también en la “trampa”, uno se siente parte, uno no puede dejar sola a Valentina. Uno se da cuenta también que el mundo tal cual está hecho, está malhecho para ingenuas muchachas que quieren conocerlo sin presentimientos, sin angustias, con la candidez de la primera mirada.

Espero que esta novela española se vuelva a través de sus futuros lectores en salvadoreña, espero pues que les haya dado ganas de conocer a Valentina.

“El fiel reflejo de la nada” de Patricia C. Beltrán, Ediciones Cardeñoso, Vigo 2016.       

22 marzo 2016

Fonema, signo, comentarios



Toda determinación es negación (Benito Espinoza)



Voy a considerar al signo en tanto que la unidad básica, como la unidad indivisible que conserva lo esencial de las propiedades del objeto global, el lenguaje. No es necesario insistir que adhiero a la “bipartición” saussureana del signo lingüístico.
[Comentario: cuando escribí esto, ya hace muchos años, tenía en mente iniciar este escrito no por una proposición sobre el signo lingüístico, sino que por el fonema, que sí es la unidad más pequeña del lenguaje y que contiene en sí todo el desarrollo del estudio del lenguaje. Creo que hubiera sido mejor mantener la idea inicial. En realidad el párrafo que sigue me explica ahora las razones: deseaba insistir la inseparabilidad del significante y el significado, que desde los años cincuenta se empezaron a separar en la literatura en general y en artículos de los semióticos e incluso de algunos lingüistas.]
Dicho de otro modo, que al signo lo configuran dos entidades distintas: el significante y el significado. No obstante ninguna de estas dos entidades puede considerarse como independiente y autónoma, tampoco tomadas por separado pueden brindarnos ayuda para aclarar la verdadera función del signo, ni elucidar cuál es el verdadero funcionamiento del lenguaje. Respecto a esto es necesario ir aún más lejos: incluso mi formulación de que el signo “está compuesto de dos entidades distintas” me parece errónea, el término mismo “bipartición” es necesario reemplazarlo —como ya lo han hecho muchos— por bifacial. En realidad el signo lingüístico es un todo integral, el significante y el significado no resultan de su posible o virtual existencia afuera del signo, sino del ángulo del cual se les observa. Esto último no significa que el significante y el significado sean simples abstracciones, sin existencia real, meros productos de la investigación.
[Comentario: la corrección que señalo en este párrafo es incompleta, aunque no errónea. Lo que sucede con el signo, ocurre antes con el fonema. Es decir que tanto el fonema como el signo son unidades de dos momentos distintos, uno físico y el otro mental. Más adelante indico con mayor detalle lo que sucede en el fonema. Además en la parte final del párrafo anterior dejo suponer que lo preponderante es el “punto de vista” o “ángulo”, en realidad el punto de vista de toda investigación lingüística tiene que coincidir con su objeto y con la función que éste cumple en la sociedad.] 
Creo estar al unísono con muchos si afirmo que el signo es una relación humana, aunque en realidad sea un paquete de relaciones. El signo se sitúa en el centro de la instancia enunciativa. Esta comprende a los hablantes, al contenido de lo que se dice y el medio de comunicación utilizado.

En el centro, jugando un papel fundamental, se encuentra la manifestación material de la actividad articulatoria. No es para complicar la nota que nombro de esta manera a los sonidos (vibraciones sonoras). Más adelante se verá el papel que juegan las actividades articulatoria y auditiva.

Los diferentes sonidos de los hombres en tanto que tales son el producto de la actividad articulatoria de individuos diferentes, son el resultado de articulaciones diferenciadas por su carácter individual: la voz es una de las características más personales de los hombres. En las características de la voz interfieren el grosor muscular de las cuerdas bucales, de la garganta, el grandor de las diferentes cavidades de resonancia, etc.

La voz en tanto que sonido, mientras no ha recibido una determinación formal, es completamente indiferente (ajena) al lenguaje.

Román Jacobson nos dice en “Lenguaje infantil y afasia” (pág. 31-32) que: “Un niño es capaz de articular en su balbuceo una suma de sonidos que nunca se encuentran reunidos a la vez en una sola lengua: consonantes con puntos de articulación variadísimos, palatales, redondeadas, silbantes africadas, clics, vocales complejas, diptongos, etc. Según observadores con formación fonética, y como lo resume perfectamente Gregoire (...), el niño es, en la cumbre de su período de balbuceo, “capaz de producir todos los sonidos imaginables”. Pero todos son indiferentes, ajenos al lenguaje, pues aún no están dotados de una determinación formal.

Esta determinación es una relación particular entre los participantes del acto comunicativo que se manifiesta en los fonemas. Y lo que va a contar para los hablantes, como para la lingüística, ya no es el sonido en tanto que fenómeno físico natural, sino en tanto que determinación formal.

El sonido entra en el ámbito lingüístico cuando ha recibido una determinación formal, constituyendo entonces la base material a través de la cual se manifiesta de manera inmediata una relación lingüística determinada: el fonema (más ampliamente el significante). Esta determinación es la capacidad que tienen los fonemas para cada miembro de una comunidad lingüística, de darle consistencia sonora a las formas lingüísticas y de diferenciarlas entre sí.

[Comentario: Arriba he dicho que en “el centro, jugando un papel fundamental, se encuentra la manifestación material de la actividad articulatoria”. Pero igualmente central es la actividad mental que reconoce ciertos rasgos particulares del sonido en cuestión, del producto de la actividad articularia. Sin este reconocimiento el sonido no llega a ser fonema. Ambas actividades, la articularia y la mental, se determinan mutuamente, son los dos momentos que constituyen la unidad, el fonema. El reconocer es una actividad imprescindible, es ella la que vuelve al sonido, uniéndose a él, en fonema. La forma está en el sonido, pero adquiere sentido a través del reconocimiento que operan los hablantes, este reconocimiento se efectúa en la emisión, como en la audición del sonido. El reconocimiento es el que determina, como perteneciente al lenguaje,  al sonido y lo vuelve forma lingüística. Advierto que los fonemas, en el nivel fonológico aún no son significante, se vuelven significante en el nivel superior, cuando entran en actividad, a cumplir con su función de darle configuración sonora y a distinguirlas a las unidades del nivel superior. En el nivel fonológico son apenas eso, fonemas con rasgos particulares que son reconocidos como tales por la actividad mental de los hablantes.] 

Los fonemas son las unidades indivisibles de la lengua que sirven para formar signos y para distinguir sus aspectos sonoros. Tomemos el caso de la palabra ‘paso’ que está compuesta por cuatro fonemas /p/, /a/, /s/ y /o/, diferenciándose de ‘pasito’ (que tiene dos fonemas más). Cada uno de los fonemas cumple una función distintiva en la lengua, cada fonema se opone a las otras unidades sonoras de la lengua presentes en otros signos. Los aspectos sonoros de las formas verbales se distinguirán mutuamente en que en uno encontraremos una unidad sonora (fonema) y en el otro, otra, opuesta a la primera: ‘paso’ /p/ /aso/, ‘vaso’ /b/ /aso/, ‘caso’ /k/ /aso/, etc. Al efectuar esta operación, de intercambiar los sonidos y al constatar que existe un cambio de sentido, podemos afirmar que estamos ante un fonema.

El significante es el sonido ya no en su totalidad, en su modo de existencia inmediata, particular y natural, individualizada, sino el sonido vuelto forma, el sonido que se ha vuelto la materia propia del lenguaje.

En tanto que fonemas, los sonidos son el producto de una fonación indiferenciada, es decir una articulación en la que desaparecen todas las características individuales de los hablantes. La articulación que emite fonemas es una articulación general (abstracta). Aquí de algún modo nos referimos a una afirmación de F. De Saussure en su “Curso” (pág. 26): “La cuestión del aparato bucal es pues secundario en el problema del lenguaje”. Observemos, de pasada, que secundario no significa sin importancia.

Me refiero, además de la infinita multiplicidad de aparatos bucales diferentes entre sí y por ende a la misma multiplicidad de articulaciones concretas, también a la posibilidad (actual) de producir y reproducir fonemas afuera de la fisionomía humana: todo tipo artificial de reproducción e imitación de la voz humana (discos de toda clase, bandas magnéticas, vibraciones sonoras obtenidas eléctricamente, etc.).

La determinación formal que constituye el fonema vuelve iguales a todas las voces, in-diferenciándolas, confiriéndoles un carácter social. Me refiero al hecho de que poco importa si es una mujer o un hombre quien habla, o un niño, un anciano o un joven, un barítono, un tenor, una soprano, un hombre rico o pobre, sabio o ignorante, hable en voz alta o en susurros, etc. Lo que importa son los rasgos diacríticos de los fonemas. Es la presencia de estos rasgos, reconocidos como tales por los hablantes, que vuelve al producto de la fonación en un fonema.

[Comentario: estos rasgos deben ser reconocidos como propios de un fonema por los hablantes. Es decir que no basta pues emitir un sonido, sino que tiene que ser reconocido por el oyente como teniendo cierta calidad, cierta identidad. Esto significa que el fonema tiene también una disposición, un límite que de suyo lo opone a otros.]

En lo que concierne a los participantes del acto de comunicación, de manera personal, todas las características arriba enumeradas pueden tener suma importancia e interferir fuertemente en todos los aspectos concretos del acto de comunicación.

La fonación que emite fonemas debe de cumplir con otro requisito. La fonación tiene que ser parte de un acto de comunicación en una lengua determinada. En efecto no basta con que un sonido tenga tal o cual configuración, tales o cuales rasgos, además tiene que pertenecer a un sistema determinado. F. de Saussure expresa esto de manera un tanto paradójica: “Chaque idiome compose ses mots sur la base d’un système d’éléments sonores dont chacun forme une unité nettement délimitée et dont le nombre est parfaitement déterminé. Or ce qui les caractérise, ce n’est pas, comme on pourrait le croire, leur qualité propre et positive, mais simplement le fait qu’ils ne se confondent pas entre eux. Le phonèmes sont avant tout des entités oppositives, relatives et négatives» (CGL, p. 164). (« Cada idioma compone sus palabras sobre la base de un sistema de elementos sonoros, cada uno de los cuales forma una unidad netamente delimitada, y cuyo número está perfectamente determinado. Ahora bien, lo que les caracteriza no es, como podría pensarse, su cualidad propia y positiva, sino simplemente el hecho de que no se confunden entre sí. Los fonemas son, ante todo, entidades opositivas, relativas y negativas”, CGL, Akal Editor, Madrid, 1980, traducción de Mauro Armiño).

[Comentario: La forma paradójica de Saussure reside en que se va por la unilateralidad, pues para que exista y funcionen las diferencias y exista la posibilidad de las oposiciones no se puede dejar de lado la identidad propia de cada fonema. Es en sí que cada fonema contiene al otro, en su determinidad.]

Para poder cumplir con su función de darle a cada forma verbal su propia configuración y diferenciarla de las otras, los fonemas deben tener su propia configuración, sus propiedades y a partir de ello ser distintos, diferenciarse entre sí. La función distintiva de los fonemas reposa en su carácter determinado. Cada fonema se determina oponiéndose a todos y cada uno del resto de fonemas de una lengua dada. Sin embargo al mismo tiempo para que el sistema funcione necesariamente las oposiciones tienen que ser constantes y esta constancia (permanencia) reposa en las propiedades intrínsecas de cada fonema, en su propia identidad.

Al incluir obligatoriamente la fonación en el acto de comunicación, además de señalar su diferencia entre sí, deseo indicar también que la audición oye fonemas, que los percibe en la infinita diversidad de las voces humanas. El fonema es una fonación determinada que produce un sonido con rasgos distintivos propios que se opone a otros y que es percibido (reconocido) como tal por la audición. Se trata de un saber complejo, dual, un saber de emisión y audición.

Por consiguiente el significante es materia lingüísticamente configurada, es materia y forma o forma y materia. Algunos insisten en que el fonema no es materia (substancia), en que es forma pura o mera forma. Como se puede concluir por lo que he expuesto, para mí (no solamente para mí, hay eminentes lingüistas que no excluyen la materia de la lengua) el fonema es materia configurada, es materia que se ha vuelto forma. Dicho de otra manera: el fonema es sonido (materia) que tiene una forma determinada. Lo he dicho arriba y en esto sigo a la doctrina actual del signo lingüístico, para los hablantes lo que cuenta no es la totalidad del sonido, sino aquellos rasgos que lo vuelven una relación lingüística, rasgos relevantes no desde el punto de vista fonético, sino desde su capacidad para diferenciar los signos entre sí y como partes constitutivas y constituyentes del signo.


20 enero 2016

Entramos en un túnel

Lo que estamos viviendo ahora en El Salvador no es un simple resultado de los Acuerdos de Paz, ni siquiera de todo el período de la guerra. Muchos aspectos provienen de mucho más lejos y otros surgen de nuestra historia inmediata. En realidad, lo que se plasmó en los documentos no refleja tampoco la verdadera situación de dicho momento. Algunos han interpretado que la guerra no la ganó nadie, que hubo un empate. Es posible que los “estados mayores” implicados concluyeran que era imposible obtener la victoria y poner en desbandada al enemigo. No obstante cabe preguntarse por el carácter mismo de la guerra que se llevó a cabo y los objetivos políticos subyacentes si se trata realmente de un empate. 
   
La guerra misma es la culminación exacerbada de una lucha política que remonta a décadas anteriores, en la que se han sucedido varias dictaduras, cada una con sus propias modalidades, pero todas negándole a las fuerzas progresistas el derecho a la existencia legal. Los opositores se veían obligados a luchar en la clandestinidad; la prisión, la tortura y el exilio eran el lote que se les destinaba. La guerra misma es una consecuencia, un resultado. La guerra se impuso como una opción final, cuya realidad se fue fraguando en medio de luchas internas en el campo popular. No voy a detallar estas luchas. Los campos que se enfrentaban divergían realmente en mucho, pues unos pensaron siempre que una democratización que permitiera una vida política, sería suficiente para cambiar el poder y permitir las transformaciones que extirparían al país de toda la miseria social acumulada. Los otros estaban convencidos de la necesidad de derrotar a las fuerzas en el poder, ejército y oligarquía, para poder cambiar las injustas estructuras sociales existentes. Nadie se sorprenda que hable del ejército como fuerza en el poder, pues desde 1944 los partidos políticos de la derecha servían de testaferros del verdadero partido político, el ejército. Las tandas comenzaron su existencia entonces.
En la precaria vida política existente de los años cincuenta y sesenta surgió el primer partido político de la derecha, la Democracia Cristiana, el partido PCN se consolidó como partido político civil apenas después de perder su supremacía. En la izquierda aparecían partidos que servían de fachadas legales al Partido Comunista, que era el único partido de izquierda hasta la aparición de la social-democracia de Guillermo Manuel Ungo. Todos los intentos de asumir el poder por la vía electoral fueron frustrados por el fraude masivo y la amenaza permanente del golpe de Estado, que se hizo efectivo varias veces. Al lado y en pugna con estos intentos surgieron grupos armados. Estos grupos no tenían la misma ideología, ni las mismas tácticas y estrategias. Ambas fuerzas no obstante se fueron consolidando, perturbando en gran parte los objetivos de las fuerzas electoreras de entonces. Todos tenemos en mente la aparición del tercer grupo armado, después del asesinato de Roque Dalton García y otros miembros del ERP. También tenemos presente la actitud del PC de El Salvador que optó por una política de denigramiento contra los grupos armados y los acusaba de banditismo usando el mismo lenguaje de la dictadura.
Lo que acabo de escribir no es ni siquiera un brochazo de la historia de esta época, es apenas una pincelada somera. Sin embargo de esto se puede deducir que la guerra tenía a sus inicios como objetivo cambios radicales en las estructuras sociales del país. Estos objetivos fueron cambiados con el correr mismo de la guerra y la correlación de fuerzas de las dos tendencias existentes en la izquierda. Ganaron las fuerzas reformistas y se conformaron con una vuelta a la vida civil transformada en la que hubiera posibilidad de participar en el “juego electoral”. Los cambios estructurales pasaron a segundo plano, como un objetivo de largo plazo.
Al declarar imposible la victoria los dirigentes del FMLN abandonaban el objetivo de asumir el poder para transformar la sociedad. Es decir el empate no es tal, pues los que estaban en el poder seguían en él, hubo es cierto concesiones, cierta depuración en los órganos represivos del Estado, pero al mismo tiempo con la imposibilidad de juicio por la amnistía que se otorgaron. La represión brutal que venía sufriendo el pueblo desde que se abrió el período de las dictaduras, 1932, desapareció, aunque no del todo. Incluso durante los gobiernos areneros hubo capturas y raptos ilegales, incluso durante el último año del gobierno de Saca hubo casos de abierta represión, algunos asesinatos de activistas de movimientos ecologistas.
Aceptar las reglas del juego era obligatoriamente una condición para ser aceptados en tanto que partido político, es lo que sucedió. Hay aquí un hecho político mayor, desde el inicio de este largo período de dictaduras se abre la posibilidad de ejercer los derechos políticos que ofrece el régimen burgués. Esto significa el cierre de ese largo período y surge otro que es el que estamos viviendo. En la derecha la nostalgia del período anterior predomina, el lenguaje que usa de prepotencia, de dueños indiscutibles del poder y del país se mantiene. Se sigue cultivando el odio. Es cierto que esto último existe en ambos campos. A pesar de que es obvia la convivencia aceptada y también la connivencia en las esferas del poder.
Aceptar las reglas del juego se transformó en la aceptación total y sin ambages de las estructuras sociales y de la ley fundamental del sistema económico vigente, el fundamento de la sociedad es la propiedad privada de los medios de producción, el objetivo de la economía es producir mayores ganancias para la clase dominante.
Estas estructuras socio-económicas siguen intactas, esencialmente son las mismas que las del período anterior. La pobreza es estructural, más del 70% de la población es pobre según los criterios de organismos internacionales, la concentración de las riquezas en pocas manos sigue agravándose, los niveles de vida no se mejoran para las grandes mayorías, las fuerzas de trabajo son súper-explotadas y subutilizadas, la precariedad es lo que domina en todos los ámbitos de la vida social.
La aceptación de la realidad por el partido FMLN se ha venido ocultando tras un lenguaje que no corresponde a la realidad de sus verdaderas posiciones, a veces es de una violencia verbal que no es compatible con la pasividad en el terreno de las luchas sociales, que fueron abandonadas por completo. Esto se ha agravado con la ascensión al poder político del FMLN. El partido y el gobierno adormecen a los trabajadores, sugiriendo que ellos poco a poco van a resolver desde arriba todos los problemas sociales. La realidad desmiente este discurso. El FMLN hace público su propósito de instaurar un socialismo auténtico y adecuado a nuestra realidad, pero mantiene en secreto los detalles y las estrategias con las que pretende llevar a cabo sus objetivos. Por el momento, nada cambia substancialmente. Incluso algunos aspectos como la inseguridad y la criminalidad alcanzan niveles monstruosos. Es este fenómeno que carcome la vida social de toda la nación. El discurso lenificativo de los encargados de combatir el crimen, la negación de la realidad, los zigzagueos en la política contra las maras, ha conducido a que la gran mayoría sienta miedo y considere la violencia de los mareros como su principal preocupación.
Por supuesto que no se puede culpar al actual gobierno, ni al anterior, en exclusivo, de la responsabilidad de esta situación de inseguridad. Esta apareció justamente casi inmediatamente después de la firma de los Acuerdos. Se acudió entonces como única solución a la represión. La derecha no puede tener otra opción. Prevenir implica ocuparse de otros problemas sociales, como son el desempleo, la precariedad de las instituciones educativas, la precariedad en la vida de los barrios, la ausencia de muchos servicios en la mayoría de las zonas rurales y marginales urbanas. Prevenir implica llevar una política que saque de la miseria a las grandes mayorías. La violencia de las maras creció y se enraizó durante los gobiernos areneros.
El gobierno de Funes siguió por el mismo camino, aunque trató un pacto con la tregua, no obstante esta mala jugada sirvió para que las bandas se estructuraran mejor y se forjaran un argumentario justificativo de su actuación. La ambivalencia de esto lleva a que se hable de guerra, de terrorismo, incluso hay algunos que los consideran como posible fuerza política. La derecha olvida por completo su propia responsabilidad y ataca al gobierno actual por lo que ellos no quisieron combatir cuando estaba surgiendo apenas. El gobierno parece que es el único que cree en sus mentiras: “la violencia es un falso problema, retrocede y la estamos combatiendo eficazmente”.
Salimos pues de la guerra y nos adentramos en un largo túnel oscuro, en el que no hay ventanas a través de las cuales aparezcan los posibles horizontes. Hay franjas minoritarias de la población que se han dado cuenta que ir a votar por el menos peor no basta. Esperemos que el topo de la astuta historia no tarde en surgir a la superficie y nos entregue sorpresas con nuevas fuerzas políticas y nuevas formas de lucha. Por el momento, apenas se ven embriones, que algunos quieren que sean de inmediato poderosas ciebas.